Milagro No. 4: El de la voluntad.
Presenciamos una puesta en escena. El diálogo, los textos, las actuaciones se diluyen ante el contorno de tus besos. “¿Eres real?” me pregunto, te pregunto. “El irreal eres tú” afirmas. Resuelvo. Eres un espejo de mí, un reflejo del mapa facial, de las experiencias, de las dudas. Los egos se enfrentan. Noto que mi voluntad se refracta contra la tuya, y asumo que si tú no eres la fantasía, el imaginado soy yo. Que una noche me soñaste y que ahora estoy aquí, viendo recrearte en mi visión. Que yo soy tu sueño y que mi vida se dispersa como tinta en el agua. ¿Soy real? ¿Existo?
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