Declaratoria No. 16: Punto final.
La coma con su poder perverso se mantiene, se sostiene indefinidamente, se multiplica para no dar fin, para cavilar con su espacio, en su silencio. ¡Dale punto final! Me dijo el terapeuta. ¡Olvídalo, pero no! No escuché. No escucho. Menos a quien no sabe tampoco colocar un espacio y aparte, un puntillo o un guión y medio. Qué más da si cada coma es un reflejo de mi ego destrozado, de mis apegos interminables, de mi ruina moral y estética. A la literatura le vale madres que mi comitis me vaya a matar de un coraje, de depresión o indiferencia. Las comas persisten y sobreviven a mis ansías por aventarme en las oscuridades del punto final. Oscuridades que superficialmente parecen devoradoras, pero que en el fondo arrojan la iluminación de lo culminado, de la terminación del ciclo eterno. ¡Llévame punto! Arrástrame lejos de la influencia nefaria de este "amor" que no deja soñar de nuevo, que encadena al sitio envenenado, que me arroja al paisaje tóxico de su pendeja indiferencia. Anda punto, ve y mátalo con sus estúpidos recuerdos, ahógalo en el llanto de la nostalgia futura. ¡Dile! que sepa que el amor de su vida le espera, no en la realidad, sino en sus sueños enfermos, rotos de tanto acariciarlos.
Recent Comments