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Milagro No. 3: "Melancolía"

Un día soñaste.
Un día te soñé.
Un día moriste.
Un día resucité.
Callas.
Te escucho.
No dices nada.
Digo adiós.
Mendigo de abrazos.
Quiero sentir,
   pecho que aprieta,
      permanecer enredados,
         tejidos uno en el otro.
Ven y quédate.
Tardas.
Desaparezco.

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Declaratoria No. 13: El regreso

Soñé que después de tres años regresabas, como si te hubieras ido de viaje, como si tu ausencia hubiera sido causa de un mal sueño o de una indigestión. En tu caso fue distinto. Regresaste de la muerte.

Así como el polvo que flota en el aire y aterriza en fina capa sobre los muebles, así retornaste. Las partículas coalescieron en tu forma. Se acumularon. Te levantaste. No recordabas los momentos últimos ni el paso por la muerte, escenas que yo tenía grabadas con dolor en mis suspiros.

Platicamos. Reímos. Estuvimos juntos un par de horas, igual que en un paseo corto. Tus carnes de polvo temblaron. Era el fin de esta conversación. Sonreíste para decir adiós, para explicar qué el camino es largo y había que continuarlo. Te escuché decir “hasta siempre” en un siempre que no termina. Te desboronaste en la realidad.

No he despertado. Aún sueño. Aún imagino verte, escucharte. "Luego te alcanzo" repito antes de volver al mundo.

Milagro No.2: El de la Resurreción.

¿Cuántas veces has deseado regresar a un muerto de la tumba? ¿Cuántas veces has pensado dar lo que fuera por ver sonreír nuevamente el rostro del ausente? Infinidad de veces. Muchas de ellas. Todas concluyen en mero sueño, en la especulación del hubiera, en la alucinación de alguien aferrado a no aceptar la verdad de la muerte, de alguien anegado en el pasado. Con una recriminación termina la fantasía, usualmente.

Sin embargo no siempre es así. Hay muertos que no necesitan pasaporte de vuelta ni moneda para Caronte. Con una llamada o un simple “hola” regresan a la vida. Desde el más allá del olvido retornan a un presente donde se supone no deberían estar. Escapan de la tumba de la indiferencia para posar su sombra sobre el penitente incauto. Su presencia, según el caso, es bien recibida u objetada. Eso depende del resucitado y de la víctima. Aunque en la mayoría de los casos la reacción obedece más a la causa del deceso. ¿Por qué se fue en primer lugar? La respuesta dará pie a una vuelta amable o a un regreso duro.

No debemos olvidar, que sin importar la circunstancia, el milagro tiene precio. El menor es la mutilación emocional, desde la perdida de autoconciencia hasta un constreñimiento de dignidad, pasando por el corte transversal de uno o más sentimientos de amor o gozo. Peor resulta cuando se involucran cúmulos de remordimientos, culpas inamovibles o cargas más pesadas que la piedra de Sísifo.
Aún más demandante es el costo final: El de la sanidad. La razón es cosa fácil de perder, por eso no ha de extrañar que ante la aparición del resucitado, el desequilibrio apunte como resultado. La fuerza gravitacional del exilio, la indolencia o la muerte cobra entrada y salida. No hay boleto barato ni gratuito. Y la locura ataca cuando la cordura duda.

¿Aún tentado en pedir este milagro? No te preocupes. Las ansías terminarán con el tiempo: Cuando estés muerto tú también.

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Milagro No.1: El del amor.

Los reencuentros pueden ser insospechadamente largos o cortos, pero siempre ocurren. Los recuerdos sobran en tales casos. No hay nada que decir y cualquier letra es un estorbo. Quiero pensar que en mi caso las palabras no sólo sobran sino además matan. Son las acciones las que realmente expresan. Tus acciones, mis acciones, las que hacemos, las que dejamos de hacer. Incluso estas últimas son más poderosas. Pero no contigo. Ahora me pregunto qué seguirá, si esto nos llevará a alguna parte, si es que las partes tienen lugar. Creo, presiento, observo, intuyo que el amor es algo alejado de nuestras perspectivas, pero cualquier atisbo de afecto es mejor al vacio de las horas de soledad. ¿Hay algo que pueda darte? Te llevas lo mejor de mí: Amor incondicional, ese que se mantiene vivo a la distancia, imperturbable ante las horas rutinarias de la cercanía. Te amo.

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