Milagro No.1: El del amor.
Los reencuentros pueden ser insospechadamente largos o cortos, pero siempre ocurren. Los recuerdos sobran en tales casos. No hay nada que decir y cualquier letra es un estorbo. Quiero pensar que en mi caso las palabras no sólo sobran sino además matan. Son las acciones las que realmente expresan. Tus acciones, mis acciones, las que hacemos, las que dejamos de hacer. Incluso estas últimas son más poderosas. Pero no contigo. Ahora me pregunto qué seguirá, si esto nos llevará a alguna parte, si es que las partes tienen lugar. Creo, presiento, observo, intuyo que el amor es algo alejado de nuestras perspectivas, pero cualquier atisbo de afecto es mejor al vacio de las horas de soledad. ¿Hay algo que pueda darte? Te llevas lo mejor de mí: Amor incondicional, ese que se mantiene vivo a la distancia, imperturbable ante las horas rutinarias de la cercanía. Te amo.
Declaratoria No. 5: Diatriba de desamor
Disfruto ver tu dolor. Lo gozo enormemente. Es verdad. Aún existe un resquemor, un rencor, un dejo de amargura. Lo agravan tus palabras impertinentes, pretensiones de alguien que emula saber mucho, pero en realidad no sabe nada, ignorante en la ley de la felicidad. Es tan pobre tu sapiencia, tan pobre tu razonamiento que no alcanzas a percibir que vale la pena. Vives soñando en recuperar o poseer algo que nunca tendrás: Honestidad. Vives pensando en algo que tus límites nunca te darán: Éxito. Vives deseando algo que ante todos juras es basura: Amor. Pero entonces te hallas en solitud, pues el desamor te carcome. Encuentras con que te aguarda el momento de estar en el rincón, sin un afecto duradero, efectivo, neto, pues te lo has negado, lo has acribillado con tu estupidez. ¿Y ahora? Paga por ello que yo me alegraré.
Declaratoria No. 4: El tarot no miente
Volví a verte e inevitablemente me dejé seducir por la promesa candorosa de siempre. No. Miento. No me dejé seducir: Me lancé al vacío sin protección. ¿Cómo evitarlo si me desquicias? Despiertas el deseo brutal de cometer pecado de lujuria. De abrazarte y besarte. De quererte con toda la fuerza que sobró esa última ocasión y que durmió en frustración por decisión propia.
Soy un estúpido por no desafiar al destino escrito en mi mano o al impreso en las cartas de tarot. No sólo no lo intento, sino que no quiero hacerlo.
¿Cómo resistirme a esa sonrisa estúpida tuya? ¿A tus brazos templados? ¿A tus habituales tonterías? Esos ojos y gestos tan estudiados como perversos me engatusan, me atrapan en una maraña de promesas que en el fondo sé no serán, pero que deseo imaginar sí sucederán.
La soledad es cabrona y me conmina a realizar toda clase de actos que después reniego. Para colmo de males varias epifonías se suceden después del encuentro, con la radio escupiéndome frases plagadas de sentido. “Eres mi verdadero amor”, “Cómo te voy a olvidar”, “Call Me” y "Me equivoqué" entre otras.
¿Qué pasará? ¿Regresarás? ¿Llamarás? ¿Contestaré? No sé cómo luchar contra ti y ni siquiera sé si quiero hacerlo. De verdad te extraño, de verdad te deseo, de verdad sé que todavía podría amarte. ¡Qué espanto!
Declaratoria No. 2: Epifanía de la calamidad
El fin no ocurre en la forma de un suceso aislado o lineal, imperturbable: Obedece a una causa. El fin es principio, renovación, transformación. Vivimos inmersos en una cadena de terminaciones que conforman nuestra mortalidad, pero también los sueños de inmortalidad. Día a día mueren nuestras células, los años nos arrastran a la vejez y el universo se precipita hacia una conclusión. Todo finaliza, nada escapa a este destino...
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